Palabras de cierre de la coordinadora académica

Tradicionalmente las Bienales tienen por objeto reunir en un solo lugar  expresiones culturales, de arte generalmente, que reflejan un momento histórico particular sobre el cual se sitúan los intereses y reflexiones de  ciertas comunidades académicas.  Pero en el fondo, las Bienales también convocan los imaginarios más fuertes sobre la lucha simbólica del deber ser de una institución cultural y,  por qué no, del conocimiento circunscrito en un campo disciplinar.

La I Bienal Internacional Tadeísta de Diseño Industrial no es ajena a ninguna de estas dos expectativas:  convocó expresiones significativas del diseño en la actualidad, así como favoreció un debate, en principio tímido, sobre los marcos de conocimiento que regulan los intereses disciplinares.

Tuvimos la oportunidad de escuchar a conferencistas internacionales y nacionales con temas relativos al diseño y sus alcances contemporáneos; participamos en workshops, exposiciones y salidas de campo; compartimos perspectivas analíticas y críticas sobre los procesos de formulación y desarrollo del diseño industrial, en compañía de investigadores, profesionales, empresarios, docentes y estudiantes.  Cada uno de estos espacios hoy se traducen en reflexiones en torno a nuestra tarea permanente de fortalecer los propósitos formativos, pedagógicos, investigativos y profesionales, en el marco de la calidad académica del Programa de Diseño Industrial de la UJTL.

Si bien la calidad es relativa a las circunstancias del momento  y de las mismas instituciones, existe un primer punto de partida que tiene que ver con la comparación y el contraste de la formación académica,  con las  múltiples realidades a las que se enfrentan los profesionales hoy en día.  La Bienal permitió situar el diseño industrial en un universo multipolar, donde coexisten realidades complejas y diferentes.  De allí que valoramos la diversidad, y por qué no,  los desacuerdos que pudimos tener con algunas reflexiones y prácticas que los ponentes presentaron. Podemos decir entonces que la Bienal  tiene sentido, más que en las experiencias suscitadas durante la semana que tuvo lugar,  en la manera como aporta a  consolidar lo que para nosotros es un plan de estudios riguroso con las habilidades y conocimientos esperados de un diseñador industrial, generoso frente a los saberes interdisciplinares,  y diverso sobre los campos de aplicación del diseño industrial.

Desde nuestro Plan de Estudios, y lo que hoy denominamos  las rutas de profundización de la Fundamentación Especifica, las actividades de la Bienal abren un espacio para pensar asuntos particulares al Objeto, el Contexto y la Interacción. Así,  por ejemplo, se piensan los límites y alcances del conocimiento operativo, funcional, formal y estético que se produce en la relación industria – desarrollo – objeto. Se advierten las contradicciones sociales del momento cultural actual, incluidas las transformaciones que ha tenido la noción del trabajo, las formas particulares de producir  y su relación con la economía industrial, de la información y del conocimiento.  Se dan indicios sobre la manera como paulatinamente el diseño industrial se aproxima a múltiples procesos creativos, fruto de la inserción tecnológica en  la producción, circulación y consumo de mercancías.

También la Bienal pone de manifiesto cómo  muchas de las apuestas disciplinares discurren  en medio de una sociedad avasallada y rendida por el mercado, lo cual reclama, por ejemplo, una reflexión de las acciones del diseño industrial en el curso de la acumulación capitalista, una mirada a la racionalidad instrumental del progreso desde las invenciones socio –técnicas y una postura frente al triunfo -o no- de  la razón técnico – práctica  sobre la razón  sensible.  Propone una   visión de industria y de desarrollo que le apuesta a  la defensa por las inter- subjetividades producto de las experiencias estéticas, intelectuales y prácticas, en sintonía con las múltiples mediaciones artefactuales que las soportan.

En general la I Bienal Internacional Tadeísta de Diseño Industrial sitúa los asuntos disciplinares en lo que podría denominarse un espacio de frontera. Esto se refiere a aceptar que las orientaciones e intereses del diseño industrial se ubican en diferentes fronteras disciplinares que aportan sus problemas, conceptos y métodos de investigación, para fortalecer y dinamizar los procesos de producción y  creación en diseño.

Así entonces, la Bienal motiva nuestro propósito genuino por  dinamizar la perspectiva disciplinar en el marco de los cambios acelerados del conocimiento, la diversidad cultural actual y los problemas sociales de una realidad compleja.  También nos recuerda la oportunidad formativa de algunas  figuras académicas para re pensar las  prácticas educativas contemporáneas del diseño industrial (workshops, laboratorios de innovación, exposiciones, panel de discusión, ponencias, salidas de campo).  Nos recuerda sobre lo pertinente del conocimiento de los marcos históricos que permitieron la formación de escuelas de diseño, con el propósito de profesionalizar aquello que en un principio parecía ser un oficio. Pero también, y muy importante, nos invita a reclamar espacios de diálogo abiertos,  divergentes,  de confrontación permanente sobre el pensamiento relativo  a la naturaleza misma del diseño y a los proyectos fruto de los procesos de investigación, creación e innovación.

Quedan preguntas, entre muchas otras,  sobre el estado actual de la disciplina y los lugares de relevancia, pertinencia, trascendencia e innovación social que la validan; quedan maravillosos disensos sobre el deber ser y lo legítimo del conocimiento en las artes y el diseño.  Quedan reflexiones sobre el colonialismo anglosajón y europeo para pensarnos en los espacios de creación; sobre lo dominante del mundo contemporáneo y su relación entre estética y tecnología.   También quedan nociones sobre los modelos cognitivos para el desarrollo de los procesos creativos,  sobre las conspiraciones del pasado que hoy nos permiten abordar nuestro propio presente, sobre las tentaciones oníricas de la imagen, la reorganización del espacio y las maneras de habitarlo, así como los temores ecológicos suscitados por los procesos del capital económico.  De otro lado quedan en la memoria algunos personajes agraciados, venidos de lugares privilegiados,  con perfiles,0 mágicos librando batallas de pensamiento y creación;  pero principalmente queda el encuentro entre estudiantes, docentes, profesionales, investigadores y empresarios para crear consciencia del capital activo que es el diseño industrial.

Al final solo  me resta invitarlos a pensar la I Bienal Internacional Tadeísta de Diseño Industrial desde dos facultades :  la de escuchar sin bochorno el lugar común del diseño: el de la materialización plástica de los procesos de comunicación,  y la de proponer sin temor  el lugar de debate  que necesitamos: la calidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje contemporáneo del diseño industrial.

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